Acto-Homenaje Cuerpo Nacional de Policía
"Las adversidades nos hacen mas fuertes. Los acontecimientos dolorosos encierran una semilla de crecimiento y liberación". Con estas palabras cerraba ayer su discurso el comisario jefe de la Policía Nacional de Málaga, Pedro Garijo, en un homenaje a los agentes fallecidos en acto de servicio. Desde 1922 han sido 19 héroes anónimos los que, subrayó, "han entregado su vida en defensa de la libertad y de la paz". Cada uno de ellos tiene nombres y apellidos: Eduardo Gutiérrez Martín, José Antonio García García, José Pérez Fernández, Alberto Aragón Sánchez, Juan Sanabria García, Alejandro Cortés Nuñez, Enrique González, Antonio Castro, Cristóbal Ponce, Antonio Hidalgo y Cristóbal Escalona.

En 1979 la lista seguía ampliándose. Entonces era Antonio Pacheco el que se encontraba con la muerte en un accidente. Dos años después, Agustín Montes fallecía en un atraco perpetrado en una caja de ahorros situada en la Avenida Carlos Haya. Un motín en la cárcel ocurrido en 1985 estuvo detrás del fallecimiento de Manuel Donaire. Sólo un año más tarde, Juan Antonio Torres, conocido entre sus compañeros como El Niño, sufría un accidente mientras prestaba servicio.

También en 1986 era el turno de Juan Alameda, al detener a un peligroso delincuente internacional en Marbella. Ya en 2004, la Comisaría volvía a vestirse de luto para despedir a Miguel Vílchez, que perdió la vida en Granada.

En abril de 2005, Francisco José Fernández encontró la muerte en la carretera en el Cerro del Águila, en Mijas, mientras perseguía a unos narcotraficantes. Todos ellos, en palabras del máximo responsable de la Policía en Málaga, eran "valientes compañeros que siguen presentes en sus familias, en la institución, en la memoria de ésta y en sus corazones". Hombres "extraordinarios" cuyo ejemplo sirve, recalcó Garijo, para motivar a los efectivos que aún continúan defendiendo al pueblo cada día.

El último agente caído fue Francisco Díaz, que ayer, coincidiendo con el primer aniversario de su muerte, recibió numerosas menciones, entre ellas, la del inspector jefe Pedro Luis Bardón. "Salimos de nuestra comisaría a pie, en vehículo, en furgoneta o en helicóptero y todos cumplimos con el ritual de mirar hacia su placa, hacia su monolito. Miramos hacia vosotros, hacia vuestro recuerdo. Os saludamos con orgullo, emoción y pena. Y os pedimos que nos acompañéis. Sois nuestro modelo", señaló.

A ese reconocimiento se unió la subinspectora y portavoz del gabinete de comunicación de la Policía Nacional, Ana Moreno, quien destacó que los agentes fallecidos en cumplimiento de su deber "han dado lo mejor" de sí, por lo que mostró su orgullo por la huella que cada uno ha dejado. "Siguiendo su estela, permanecemos unidos e ilusionados. Nuestro trabajo nos lo exige, nuestras misiones nos lo imponen", agregó.

El subdelegado del Gobierno en Málaga, Jorge Hernández Mollar, recordó la "tragedia que a todos nos embargó de dolor", la de aquel 21 de mayo, cuando Paco, para los más cercanos, "fue asesinado vilmente" cuando iba a detener a un indigente. "Os puedo asegurar que nunca se me olvidarán las dramáticas horas vividas en el hospital, la impotencia, rabia y dolor junto a su esposa, familiares y al lado de los que eran sus compañeros de trabajo", manifestó el responsable del Ejecutivo, quien recalcó que se fue "un servidor del estado ejemplar" y del que ahora queda su "legado profesional". "A pesar de haber sufrido estos golpes, que cuando suceden nos atraviesan como un punzón de acero, debéis ser capaces de perseverar en el acoso permanente a una criminalidad cada vez más compleja y a las múltiples formas de delincuencia", destacó Hernández Mollar.

Los jardines de la Comisaría provincial, donde un monolito recuerda a Paco, acogió ayer una ofrenda floral en la que participaron el subdelegado del Gobierno; el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, y familiares de las víctimas, entre otros.

Tras recibir la orden de que cargaran y apuntaran, seis policías dispararon salvas a modo de homenaje final. La familia de algunos de los agentes caídos rompieron a llorar al finalizar el acto, aunque con la aspiración, como apostilló Hernández Mollar, de que estos "iluminen a los que se quedan en esta apasionante aventura diaria, llamada España".